martes, 24 de marzo de 2015

Catalanofobia como respuesta


No es solo esto. En los tres últimos días hemos visto dos oleadas de vandalismo catalanofóbico injustificable y esa España "que tanto nos quiere" los ampara sin ningún pudor.
Primero fue la ira, la ignorancia y el mal perder después de que el Barça superara al Real Madrid, lo que sirvió de excusa a una oleada de mensajes de insultos, amenazas y discriminación. Pero hoy, sin haber terminado aquellas injustificables diatribas, tras conocerse el accidente del vuelo Barcelona-Düsseldorf, han vuelto a intentar dañar el espíritu de todos los catalanes, con una oleada de inhumanos mensajes de odio que solo merecen una respuesta... y no es la ignorancia. Porque la ignorancia ya es propiedad de los autores de esos mensajes de odio.
Desde aquí, para todos los españoles de bien: ¿de verdad se puede creer que alguien se puede sentir querido en una España que permite algo así sin poner remedio?
Porque esto no viene de hoy, ni de ayer. Esto es algo que los catalanes llevaos sufriendo toda nuestra vida. No es algo que nos haya inculcado un sistema educativo, ni producto de ver TV3 un par de veces por semana. La catalanofobia empezó mucho antes de que un imbécil, que no merece ser recordado, dijera aquello de que Barcelona debía ser bombardeada cada 50 años y que, casi semanalmente, cientos de otros imbéciles, repten como los loritos anacefálicos.
"Es que los catalanes también insultan a España y silban el himno". A esto podría decir que no es comparable, pero no me da la gana. Tampoco voy a salir con aquello de qué fue primero, la gallina y el huevo. En lo que sí debo insistir es que, cuando un matrimonio se lleva tan mal como para soltarse cosas tan insufribles e hirientes, solo hay una solución pacífica: el divorcio.
Hay una frase castellana que dice: "dos no se pelean si uno no quiere". Si tan mal se portan los catalanes con España, esta última solo tiene dos opciones decentes: o bien se porta mejor rebajando la tensión e intentando demostrar que la relación tiene posibilidades (no es el caso), o bien acuerdan una separación que deje de herir a ambas partes (y esta opción, al final, la puede tomar unilateralmente cualquiera de las partes).
Cuando en el TC aceptó, en 2006, la demanda del PP contra el Nuevo Estatut de Catalunya que había sido aprobado por las Cortes Españolas, había declarado la más infame de las faltas de respeto que se puede tener contra un pueblo contra otro que vive dentro de su ámbito estatal. El drama es que, desde aquel momento, en lugar de intentar limarse asperezas, acabar con los desmanes, PP, PSOE y algunos más, con acceso a grandes púlpitos y que deberían procurar por lo contrario, solo han hecho que agravar el problema. Algo previsible si pensamos que esos grandes partidos nacionales, y en especial el PP, llevan toda su existencia ganando votos gracias a la catalanofobia. Lógicamente, que algunos elementos como Duran i Lleida (unionista entre separatistas, por cierto) haga criticas caricaturescas de los ciudadanos andaluces, tampoco ayuda.
Sé que a muchos españoles les jode oír eso del "España nos roba", que puede ser real o falso, pero que no va dirigido contra los españoles, sino contra la imagen de la España de los ministerios que cada día nos echa mano a los bolsillos de todos (catalanes y no catalanes). Lo que pasa es que muchos de los pueblos de España se identifican con ese nombre, pero para Catalunya, que siempre nos hemos visto tan lejos y tan poco escuchados, España solo es el Gobierno de Madrid. Claro que, señores que, como Monago, saltan ante esas frases porque realmente están defendiendo sus corruptelas personales, también son esa España que nos roba. Como también lo es, aunque extrañe, los Pujol, Prenafeta, Montull y Millet. Esa es la España que nos roba y que también te roba a ti, pero tú no te atreves a llamarla España y, espero, que no la votes y ni aceptes que es culpa de los catalanes.
En definitiva, que por desgracia ya hay más diferencias que cosas afines, pero no tanto por la voluntad de los catalanes, que siempre hemos estado encadenados a este absurdo despropósito de la España Una, sino por la de los mismos que se emborrachan de su néctar de unidad y pagan su ignorante estado de embriaguez en los huesos y sentimientos de los catalanes.
Júzgalo tú, español de bien, pero hazlo poniéndote en mi piel y no aceptes las afirmaciones, que no puedes comprobar, de algún otro imbécil que afirma tener miedo a hablar de Catalunya para poder ganar un poquito de notoriedad entre el olvido al que le sentencia su mediocridad sobrevenida..

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