viernes, 11 de julio de 2014

La Decadencia del vetusto modelo de España I: Catalunya

Imagen tomada de www.bekia.es


Cuando Franco quiso dejarlo todo “atado y bien atado”. Cuando Juan Carlos decidió que él tenía que ser el Rey sobre todas las cosas. Cuando la Casta dijo que ya no era la Casta para seguir manejando el cotarro. Cuando se inventaron una Constitución provisional con demasiadas trabas como para permitir evolucionar a este país. Cuando se perdió en el tiempo la idea de que era una constitución transicional para salir de una dictadura y llevarnos a otra constitución democrática. Cuando Alianza Popular se cambió de nombre para dejar atrás sus deudas y empezar de nuevo con el ideal de recuperar el “Poder” “Caiga Quien Caiga”. Cuando Aznar descubrió que fomentando la catalanofobia y la euscadifobia se ganaban votos…
Cuando todo eso ocurrió, empezó a fomentarse el hoy donde vivimos en una España decadente sin tolerancia, sin respeto y donde algunos se atreven a denominar nación a lo que, para la mayoría, se ha convertido en un parque temático de pesadillas por la Gracia de Dios.
Y ahora nos centraremos en una de las 3 mayores quiebras de este sistema: “La Casta y Catalunya”. Donde, por ahora, la pelota sigue en el tejado del Gobierno del PP mientras este la mira de reojo y con disimulo.

Porque, como dice el economista Sala-i-Martín, si España no pacta con Catalunya se tendrá que comer toda la deuda. Después de todo ellos se empeñaron en que estuviera a nombre del Reino de España. Así que de continuar la beligerancia de PP y PSOE con "El Procés", en una supuesta unilateralidad forzada, España no podría esperar ayuda de Catalunya. Pero aún podría ser peor para España si emprende medidas de fuerza, ya que, en último término, podría generar una deuda adicional y terminar (España) siendo expulsada de todos los convenios internacionales. La victoria sería la peor de las derrotas y encima solo sería un retraso temporal de lo inevitable.
Obviamente la Casta ha tomado el camino del enfrentamiento con Catalunya, en lugar del camino del diálogo, pero ese camino tiene límites que se convierten en puntos de no retorno para diferentes cuestiones. Por ejemplo en diciembre el Gobierno del PP agotó el tiempo para frenar la consulta, y sin embargo aún pretende supeditar un diálogo a esta. El 9N, si gana el voto soberanista, habrá superado el punto de no retorno para la Independencia, que podría tardar más o menos, pero ya estaría finiquitada.
¿Hasta cuándo aguantará esa España centrada en el Madrid de los Ministerios sin entrar en razón?
Es difícil saberlo, pero desde el punto en que podía haber hecho las cosas bien y con justicia, hasta este momento en que el adiós se aproxima, la dejadez del PP ha permitido que se superen los puntos de no retorno para demasiadas cosas.
Pronto ya no tendrá opción a dialogar ni por la deuda de España que tendrá que pagarla al completo... incluso la parte de Catalunya, y todo por la cerrazón de la Casta.
¡Ah! y para aquellos que aún piensan en la opción militar, que se lo quieten de la cabeza, porque en Catalunya no encontrarán un ejército que les responda y el uso de la fuerza sería un suicidio en la política internacional para España que acabaría fuera de todas las instituciones Internacionales y, lo que es peor, al final la Independencia, por ese camino, también sería inapelable.
La Casta ha decidido agotar todos los vasos y al final se morirá de sed.
Y, por cierto, esa banca que se cree todopoderosa porque hasta ahora ha hecho lo que le ha venido en gana, también puede estar gastando sus últimos cartuchos en alimentar lo que va a ser su propio suicidio.
¿Y después?
Después, la propia España cambiara y la Casta ya no podrá conservar durante mucho tiempo esos estratégicos lugares que llevan generaciones protegiendo para su autobeneficio. Es el declive.
La Casta Española vive su decrepitud reflejada en los achaques del monarca recién abdicado. Patrioteros de bolsas en paraísos fiscales que lanzan arengas nacionalcatólicas a un pueblo famélico, pero cada vez menos crédulo. Y el ejército que vive agostado en el ideal de una España que nunca existió, más que nada, porque ellos mismos nunca le dejaron.
Es el final del camino. Los últimos días de la Gomorra católica y franquista. Un cómodo lugar para medrar la casta y una pesadilla con boletos caducados de democracia para el pueblo.
España agoniza por su cabezonería en no saber negociar y en su empeño de cambiar sin cambiar. Es el sello de una Decadencia muy obvia.

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