Hace algunos años,
cuando aún no se olía esta crisis y apenas asomábamos la nariz de la anterior,
conocí a un empresario de esos que se creen de éxito. El tipejo vivía a todo
tren mientras dirigía más empresas que dedos tenía. Digo lo de dirigía como una
concesión y porque tampoco puedo decir que tenía porque, como se demostró
después, casi nunca estaban a su nombre.
--Yo he creado más
de un centenar de empleos. Los trabajadores tienen que estarme agradecidos por
el hecho de darme trabajo.
Lo que no contaba
este individuo es que después de unos primeros meses de aparente éxito, todas y
cada una de sus empresas terminaban dando pérdidas y los primeros en pagarlas
eran esos empleados. Trabajar y no cobrar no parece precisamente la panacea y
tampoco creo que ningún trabajador pueda estar agradecido por el simple hecho
de tener trabajo. Nadie trabaja por amor a arte.
El tipejo siempre seguía
uno de los principios básicos de Kiyosaki: primero siempre cobraba él, antes
incluso de hacer cuentas. Curiosamente muchas de sus empresas podían haber sido
totalmente viables porque su índice de pérdidas era inferior al salario de este
señor y su familia… y cobraba de todas las empresas.
“Curiosamente” el
castillo de naipes que este gran empresario había construido, se terminó de
hundir en 2007. Ningún acreedor pudo reclamarle ni un duro directamente a él,
pero su hija y un vecino deficiente mental, acabaron en la cárcel.
Todo muy
lamentable, pero lo peor de todo es que si todo eso ocurriese hoy, con las
limitaciones legales impuestas por Gallardón y la nefasta reforma laboral del
PP, este señor que hoy está pillado con las limitaciones que le impuso una juez
con su divorcio, escaparía de rositas porque su hija no iría a la cárcel.
Posiblemente ya habría encontrado otro deficiente mental que le hiciera de
cabeza de turco, y tendría un centenar de nuevas empresas.
Ni que decir tiene
que en todas sus quiebras dejaba de pagar a sus proveedores cuya deuda, en un entorno
de crisis podría ser la definitiva para hundir a otra empresa inocente. Y es
que en nuestro país hay muchos empresarios que se financian a través de
pequeños proveedores, lo que unido a la obligación de pagar el IVA de las
ventas no cobradas, se convierten en losas que destruyen el tejido empresarial.
Y es que un solo
mal empresario puede acabar con un número muy grande de empresas. Por eso hay que proteger a los buenos
empresarios, pero también por eso, en nuestro país la única forma de salir de
la crisis es protegiendo a los empleados en activo, convirtiendo a los
empresarios en responsables sociales.
Y si esto sucede
con pequeñas empresas, podemos ver que si sucede con empresas más grandes, la
cosa es mucho más grave. Por eso se tiene que vigilar la externalización que
llevan a cabo algunas grandes empresas, porque terminan generando empleos
esclavos para falsos autónomos y esto lo logran a través de redes de contratas
y subcontratas. Al final, esas externalizaciones no son más que un elaborado
fraude.
En un país de
pícaros jamás debe permitirse una sola ley que favorezca a los poderosos,
porque su aprovechamiento generará muchos más daños en las estructuras sociales
que cualquier beneficio prometido. Es por esto que el PP no puede hablar de
herencia recibida ya que la herencia que ellos van a dejar es mil veces más
dañina y va a hipotecar a España durante décadas. Incluso aunque se
reversibilicen todas las leyes por ellos aprobadas, porque el daño ya está
hecho y los supuestos beneficios que ellos esperaban no son reales en la
idiosincrasia española.
Si a Rajoy y los
suyos les quedara alguna neurona viva, la pondrían a trabajar para salvar lo
poco que aún queda, y a sacar al país de la perversión neoliberal en que lo han
introducido… pero me temo que si existe esa neurona se ha ido a meditar al
Valle de los Caídos.
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